jueves, 21 de marzo de 2013

Disfrutar el Orgasmo


                                                              Otra recomendación:




"Una guía para explorar la sexualidad femenina e incrementar el placer"


Nueva edición del clásico “Para alcanzar el orgasmo” de Julia R. Heiman y Joseph LoPiccolo tan utilizado para la terapia sexual. Si acaso decir que la aplicación a una misma de las técnicas que aparecen en el libro puede complicarse si nos vamos encontrando con ciertas resistencias personales (creencias en torno a aspectos de la sexualidad que tengamos muy arraigadas y  nos limitan cuando queremos seguir adelante en el proceso), aunque en ese caso siempre podemos acudir a alguien neutral como un/a terapeuta para que nos vaya pautando y guiando, y nos eche una mano para superar esos bloqueos y conceptos que nos impiden avanzar.

Sinopsis: “Esta obra proporciona un conocimiento exhaustivo del mundo del sexo, para vivirlo plenamente y sin inhibiciones. Los doctores Julia R. Heiman y Joseph LoPiccolo presentan un eficaz método que ayuda a conocer mejor y a desarrollar la capacidad de respuesta sexual de la mujer. Con un lenguaje sencillo y clarificador, en estas páginas la lectora hallará respuesta a todas las dudas sobre el mundo de la pareja y el placer sexual”



jueves, 14 de marzo de 2013

Los recovecos del Placer


Existen tantas prácticas sexuales como se quieran y tantas partes erógenas del cuerpo como tantas desarrollemos. Nuestro cuerpo es sensible por naturaleza, hecho para sentir, para tocarnos y deleitarnos con las sensaciones que nos producimos, así que también es potencialmente erótico en toda su totalidad. 

En principio, tocarnos supondría una sensación placentera, de afecto y cuidado a una/o misma/o. Sin embargo, si tocamos una zona en la que tenemos un moratón o una herida, la sensación puede no ser tan placentera (o sí, depende de la persona) y de hecho si mantenemos una herida mucho tiempo una vez desaparecida puede que nos siga dando algo de “cosa” tocar esa zona por la asociación que hemos hecho entre displacer y esa parte corporal. Al igual que sucede con una herida física, también existen heridas emocionales y psicológicas que hacen que rechacemos algunas partes de nuestro cuerpo. Por ejemplo, si creo que mis pechos o mis genitales son feos quizá los ignore cuando me voy a duchar (o pase rápidamente por la zona), cuando exploro mi cuerpo, cuando me masturbo, cuando estoy con otra persona…llegando a sentir cierto rechazo e impidiendo tocarlos o que alguien los toque (directa o indirectamente). Quizá no presto atención a mis pechos porque los he asociado a una experiencia desagradable (dolor al estimularlo o estimulación no deseada, cáncer de mama, etc.) o quizá ignore mis genitales porque los he asociado a ideas como la de que tocárselos a uno/a mismo/a para darse placer es absurdo cuando me lo puede hacer otra persona, o porque me resultan sucios.

Otras veces ignoramos partes de nuestro cuerpo sencillamente porque no las tenemos en cuenta, no hemos aprendido a darles importancia y por tanto no les prestamos atención durante la experiencia sensorial, aun cuando son tocadas a veces no intentamos apreciar qué sensación nos estamos provocando. Puede que no nos fijemos en la sensación que nos provocan unos dedos tocando nuestro pelo, o la que provocan unos pies cuando rozan mi pierna o unos labios cuando besan mi brazo, mi frente, o mi axila (por poner sólo unos pocos ejemplos).

Además de la experiencia individual sobre displacer o placer, siempre va unida a esta la vivencia social, es decir, aquello que se refuerza en una sociedad como placentero, atractivo e importante, y aquello que se estima como poco valioso, imperfecto y negativo. Asumimos gran parte de lo que llega por esta vía sin cuestionarlo ni dar un vuelco a estos mensajes restrictivos y, muchas veces, perfeccionistas como “qué pechos son los más bonitos”, “qué pene es el adecuado” (¿para qué?), “qué vulva es más agradable a la vista”, “qué labios son más sensuales”, “qué tipo de pelo produce una sensación más agradable al acariciarlo”, etc…marcando así no sólo qué partes son dignas de atención al ser destacadas, sino además cómo han de ser para ser deseadas, queridas y cuidadas, y por tanto, marcando aquello a lo que debemos o no prestar atención.

lunes, 25 de febrero de 2013

“Paso de sentimientos. Yo sólo busco sexo”


Muchas veces oímos esta frase de personas que no quieren tener una relación de pareja y que “sólo buscan diversión y placer”. 

Yo  siempre he considerado que divertirme y disfrutar significa sentir diversión y placer. La expresión que da título al artículo, viene de conceptos reductores sobre los sentimientos y las relaciones. Es decir, como yo no quiero comprometerme en una relación de “amor”, digo que paso de sentimientos, como si las personas no fuéramos capaces de sentir más que eso o como si dentro de las diversas formas de amar no tuviera cabida sentir afecto y pasarlo bien con alguien durante un rato (unas horas, tres días, un mes, cinco minutos…). Y lo mejor de todo, como si pudiera arrancarme los sentimientos y dejarlos aparcados a un lado mientras mi Yo restante se va a follar por ahí…

Es como aquello de “no quiero vínculos”. Pues más vale que te encierres en casa, y aun así, tendrás que vincularte contigo mismo/a. Los vínculos son variados, compuestos de intensidades y emociones diferentes, más largos o más cortos…pero vínculos son. Otra cosa es que quiera un vínculo de un “rato” sin comprometerme o implicarme en ciertos aspectos. Estupendo, pero nos vinculamos igualmente busquemos lo que busquemos.

Por desgracia y bajo mi punto de vista, esto también hace que a veces consideremos a las personas como de “usar y tirar” ya que sólo queremos un vínculo corto en comparación con otros (como si tuviéramos necesariamente que buscar algo más para “apreciar” a esa persona durante la vivencia del vínculo). Nos permitimos el lujo de desprestigiarnos y desvalorarnos (tanto a mí como al resto) porque supuestamente al no amarnos de cierta manera no necesitamos ese respeto y complicidad (espontánea o no) que surge cuando nos vinculamos con otras personas. 
 
Con todo esto, cuando yo tengo un “rollete” (dure más o menos en el tiempo) siento cosas: diversión, placer, afecto, ternura, cariño, morbo, tensión, deseo, excitación, por poner algunos ejemplos y que se pueden dar a la vez o no, y en todos mis vínculos o no, pero no soy un bloque de hielo que no siente. De hecho entonces, sería totalmente ridículo vincularme…

Igual que la noción de “Educación afectivo-sexual”. ¿Todavía creemos que la sexualidad va por un lado y los afectos por otro? Educación sexual ya lo incluye todo (o al menos para mí, debería incluirlo).

Una segunda parte de esta frase tiene que ver con la palabra Sexo. Este concepto se suele utilizar como algo que se hace, no como algo que se tiene, cuando en realidad es lo segundo y no lo primero. La palabra sexo se debate desde diferentes ámbitos y corrientes de la sexología. En cualquier caso, sexo es una palabra utilizada para designar a los genitales. Así que cuando decimos que practicamos sexo, ¿queremos decir que practicamos genitales? Suena raro, ¿verdad? Esto también puede deberse a que se concibe que tener relaciones sexuales implica usar los genitales - practicamos sexo (con genitales)- sin embargo,  también podemos pensar que siempre tenemos relaciones sexuales puesto que la sexualidad va siempre en la persona (entendiendo relaciones sexuales de manera muy amplia), al igual que podemos entender que siempre somos sexo (por estar sexuadas/os).

lunes, 18 de febrero de 2013

El clítoris al descubierto


El clítoris es (o suele ser) una parte fundamental para el orgasmo debido al gran número de terminaciones nerviosas que posee. Realmente sólo vemos el glande (que se sitúa en la parte superior de la vulva), pero el clítoris tiene una estructura en su conjunto que no se ve a simple vista. Es un órgano eréctil que se llena de sangre y puede aumentar en algo su tamaño cuando nos excitamos, y hasta el momento es el único órgano conocido cuya única función es la de producir placer. Una gran parte de las mujeres necesitan estimular el glande del clítoris, directa o indirectamente, para llegar al orgasmo. El ritmo y la presión de la estimulación, o la forma exacta de estimularlo, dependen de la persona misma en cuestión. Al ser una zona sensible, tanto ritmo como presión suelen variar según nos vamos excitando para ir logrando sensaciones más intensas. 

Al estimularlo, sobre todo cuando nos acercamos al orgasmo, es habitual que se produzcan contracciones y espasmos en distintas partes del cuerpo, puesto que el clítoris “manda” señales a la médula espinal y de aquí se envían señales a otras zonas corporales produciendo estas reacciones reflejas (resumiendo mucho).




Los consejos respecto a su estimulación pueden venir bien, aunque todo lo que venga de la experiencia en la autoexploración es fundamental para aprender a estimularlo según los gustos y apetencias personales.

El siguiente vídeo es un documental llamado “El clítoris: ese gran desconocido”, una buena inversión de tiempo para aprender sobre su funcionamiento y estructura, además de mostrarnos la evolución de su concepto y de la importancia que se le ha ido otorgando. También tengo que decir que el lenguaje utilizado es cuestionado hoy por hoy por especialistas y no especialistas de la sexología (aunque no de forma general, ni mucho menos) como por ejemplo el uso del concepto “acto sexual” refiriéndose a la penetración vaginal o el uso de la palabra “sexo” refiriéndose a lo que solemos entender como relaciones sexuales, y que únicamente se centra en las vivencias heterosexuales, pero en esencia aporta conocimientos bastante interesantes. 

Se entiende también que cuando se habla de la implicación del clítoris en el orgasmo se incluye al clítoris en su totalidad (y aun así hay personas que tienen orgasmos sólo con la imaginación o estimulando los pezones, e incluso a través de la estimulación vaginal - sin quedar del todo claro si alguna parte de la anatomía del clítoris participa o no en este caso-). Aunque algunas cosas pueden completarse o corregirse, como por ejemplo cuando se habla sobre las sensaciones al estimular la vagina, en líneas generales resulta bastante certero.

También nos da que pensar respecto a la supuesta “hipertrofia” del clítoris en algunas personas y su tratamiento médico según la conceptualización sexual que hacemos de los genitales y la supuesta necesidad de enmarcarnos en hombre o mujer y bajo unas características concretas.

En realidad este trabajo va mucho más allá del clítoris, pero es un buen comienzo.

Yo, personalmente, he preferido obviar aquello de… ”Contiene imágenes que podrían herir su sensibilidad”.
 
Espero que lo disfrutéis, es posible que os parezca largo pero merece la pena, y si queréis comentar vuestra experiencia y/u opinión, será bien recibida ;-)






domingo, 17 de febrero de 2013

La Polémica clítoris-vagina y la eyaculación precoz


Os recomiendo este libro de Luis Elberdin.




Reseña: “El sexo es un juego, fuente de gozo, de placer, de ilusión, de afecto, de comunicación. Pero a veces, nos complicamos totalmente las cosas. Dentro de la fauna de preocupaciones sexuales que nos atosigan, hay una que destaca sobremanera sobre las demás. Es (por así decirlo) el tema estrella en una consulta de Sexología. Se trata del enorme número de personas y parejas cuyas consultas y preocupaciones giran en torno al orgasmo femenino y a la eyaculación precoz. Acuden porque ella no llega al orgasmo a través de la penetración, y porque se sienten fatal, agobiados por un sentimiento de culpa que les corroe y que arruina su vida sexual y de pareja. Porque "se supone" que lo lógico, lo natural habría de ser que ambos se corriesen "a través de", "gracias a", y "durante" la penetración. Pero he aquí que a ellos eso no se les ocurre. Y sufren por ello. Y se cabrean y se desesperan. Y les entra la depre. Y lloran. Ellos y ellas. Y su autoestima se les cae por los suelos.

Pero ¿desde cuándo, cómo y por qué el hecho de que las mujeres alcancen el orgasmo de otras maneras diferentes al coito (es decir, diferentes a los hombres) es un problema, una disfunción sexual o síntoma de no sé qué?

Este libro (fruto de una Tesis Doctoral sobre el tema) analiza a la luz de los conocimientos actuales la polémica clítoris-vagina y rebate viejas teorías que, tratando de ignorar la anatomía genital de los humanos, pretendían forzar la respuesta sexual femenina a un modelo masculino. Con lo cual lo único que se conseguía es que ambos se sintieran fatal. Hoy, las cosas se ven de muy distinta manera” 


jueves, 14 de febrero de 2013

La media naranja y otros cuentos



En un día como hoy, no queda menos que escribir un artículo sobre algunos de los mitos que giran en torno a una idea de amor romántico que hace más daño que otra cosa, por mucho que en los medios de comunicación se esfuercen en mostrar lo contrario con fines consumistas. Además está la intención por parte de algunos sectores, de seguir afianzando un sistema sustentado sobre la creación de familias bajo la formación de parejas con unas características muy determinadas y poco flexibles, basada en una heterosexualidad y unos roles de género dominantes.

El concepto de amor romántico como tal, guarda una serie de creencias que condicionan en gran medida nuestro concepto de pareja, de sexualidad, de hombre y mujer, y por supuesto, del amor en sí mismo (qué pena si pensamos lo variado que este puede llegar a ser y las variadas formas que hay de sentirlo).

Vamos a hacer un repaso de estos mitos y de cómo pueden afectar a la sexualidad de las personas.


La media naranja: es curioso porque nos dicen que DEBEMOS encontrar a la otra persona que está destinada para nosotr@s (y que, fijaos que casualidad, gran parte de las ocasiones vive  en nuestra misma ciudad, (¡qué suerte tan maravillosa!). La media naranja se refiere a esa persona cuya alma está en sintonía con la nuestra (exclusivamente), que entiende lo que sentimos porque siente lo mismo a cada momento, desea las mismas cosas y comparte los mismo gustos y aficiones, no puede ser de otra forma puesto que es nuestra alma gemela. Esta idea, incluso aunque no la compartamos en su totalidad, sigue presente en parte en nuestras cabezas, ya que cuando establecemos una pareja no entendemos que la otra persona quiera algo distinto a nosotr@s en un momento dado, o pensamos que de antemano va a tener los mismos gustos sexuales, o simplemente sabemos que va a saber hacernos o darnos aquello que queremos y esperamos que nos den otros/as. ¿Cuántas discusiones/frustraciones se producen por no aclarar nuestra forma de entender la realidad, esperando que la otra persona acabe transformando su manera de ser para coincidir con la nuestra? Cuando la pareja se rompe, muchas veces decimos que se ha acabado el amor, nos desresponsabilizamos y decimos que no era la persona adecuada. En este sentido somos exigentes y poco realistas. Podemos buscar una persona con la que coincidamos en más o menos aspectos que consideremos fundamentales, por supuesto, aunque si partimos de lo que comentaba antes, nunca aprenderemos a aceptar a otras personas, a ser flexibles y a respetar las diversas formas de ser y querer que existen.

“El amor lo puede todo”: esa frase nos dice que pase lo que pase el amor es la solución, como si de una varita mágica se tratara. El amor se construye, se trabaja, de manera que si hay conflictos (que siempre los hay porque un conflicto es un punto en el que no se coincide) lo que ayuda a solucionarlos es expresar el punto de vista de cada cual y hacer pactos, es decir, no abandonar y dejar que las cosas se solucionen por sí mismas, puesto que esto no sucede así.

viernes, 8 de febrero de 2013

Un vídeo sobre los estereotipos de género



Os presento “La Peluca de Luca”. Es de agradecer que haya personitas que se cuestionen la obligación de ser de una u otra forma por haber nacido con unos u otros genitales ;-)





Espero que os guste! 


jueves, 7 de febrero de 2013

Sobre “¿qué les gusta a las mujeres en el sexo?” y unos cuántos titulares más…


¿Y qué les gusta a las mujeres en el sexo? No tengo la respuesta, preguntemos a cada una de ellas a ver qué nos cuentan. ¿Y a los hombres? Pues otro tanto de lo mismo.  

¿Qué nos quieren decir con esta frase? Vamos paso por paso, porque esto da para varios artículos…

Primero de todo, nos dice que todas las mujeres son iguales entre sí (tenemos un gen para los gustos sexuales, debe ser esto…y lo mismo les sucede a los hombres) Si bien podemos coincidir en ciertos gustos según seamos hombre o mujer, esto se debe al tipo de educación diferencial que recibimos, es decir, el hecho de que las mujeres prefieran actividades diferentes a los hombres (si es que esto es así ya que es una tendencia impuesta que no representa siempre la realidad) se debe a los roles sexuales y de género que nos han impuesto desde pequeñas/os. Como los roles sexuales cambian, también cambian los modelos sexuales, y como estos roles cambian dentro de un sistema que no cambia tanto, los modelos sexuales varían en parte pero siguen diferenciando roles de hombre y mujer, así que estos último evolucionan sólo en algunos aspectos. Al leerlo suena circular, pero es importante saber que una cosa refuerza la otra y viceversa.

Segundo, esta frase suele dirigirse a los hombres, de manera que existe una creencia que dicta que los hombres “han de saber” cómo dar placer a una mujer, y por eso más vale que estén bien entrenados (para lo que se necesita tener mucha, muchísima práctica sexual) antes de “enfrentarse” al escenario sexual, jugándose la tan nombrada virilidad.

Tercero, se basa en la afirmación de que las relaciones sexuales habituales y de por sí son o debe ser heterosexuales

Analizando un poco más, vemos que una frase tan inocente en apariencia puede estar reforzando actitudes discriminativas, cerradas y limitantes.

Hemos pasado de tener un modelo sexual (hay más, pero siempre hay uno que se hace visible y oficial) en el que el hombre se centraba en su placer y la mujer  tenía que desentenderse del suyo propio a favor del primero, a otro supuestamente “progre” en el que tanto hombre como mujer se merecen tener sensaciones placenteras. Bien, ¿pero quién otorga ese placer? Algo que puede servir para explicarlo es que se siguen oyendo  frases como ”este tío es un torpe” o titulares parecidos al del principio del tipo “claves para ser un buen amante”. Eso nos deja una cosa muy clara: el hombre es el responsable de lo que suceda en una relación sexual.