lunes, 25 de febrero de 2013

“Paso de sentimientos. Yo sólo busco sexo”


Muchas veces oímos esta frase de personas que no quieren tener una relación de pareja y que “sólo buscan diversión y placer”. 

Yo  siempre he considerado que divertirme y disfrutar significa sentir diversión y placer. La expresión que da título al artículo, viene de conceptos reductores sobre los sentimientos y las relaciones. Es decir, como yo no quiero comprometerme en una relación de “amor”, digo que paso de sentimientos, como si las personas no fuéramos capaces de sentir más que eso o como si dentro de las diversas formas de amar no tuviera cabida sentir afecto y pasarlo bien con alguien durante un rato (unas horas, tres días, un mes, cinco minutos…). Y lo mejor de todo, como si pudiera arrancarme los sentimientos y dejarlos aparcados a un lado mientras mi Yo restante se va a follar por ahí…

Es como aquello de “no quiero vínculos”. Pues más vale que te encierres en casa, y aun así, tendrás que vincularte contigo mismo/a. Los vínculos son variados, compuestos de intensidades y emociones diferentes, más largos o más cortos…pero vínculos son. Otra cosa es que quiera un vínculo de un “rato” sin comprometerme o implicarme en ciertos aspectos. Estupendo, pero nos vinculamos igualmente busquemos lo que busquemos.

Por desgracia y bajo mi punto de vista, esto también hace que a veces consideremos a las personas como de “usar y tirar” ya que sólo queremos un vínculo corto en comparación con otros (como si tuviéramos necesariamente que buscar algo más para “apreciar” a esa persona durante la vivencia del vínculo). Nos permitimos el lujo de desprestigiarnos y desvalorarnos (tanto a mí como al resto) porque supuestamente al no amarnos de cierta manera no necesitamos ese respeto y complicidad (espontánea o no) que surge cuando nos vinculamos con otras personas. 
 
Con todo esto, cuando yo tengo un “rollete” (dure más o menos en el tiempo) siento cosas: diversión, placer, afecto, ternura, cariño, morbo, tensión, deseo, excitación, por poner algunos ejemplos y que se pueden dar a la vez o no, y en todos mis vínculos o no, pero no soy un bloque de hielo que no siente. De hecho entonces, sería totalmente ridículo vincularme…

Igual que la noción de “Educación afectivo-sexual”. ¿Todavía creemos que la sexualidad va por un lado y los afectos por otro? Educación sexual ya lo incluye todo (o al menos para mí, debería incluirlo).

Una segunda parte de esta frase tiene que ver con la palabra Sexo. Este concepto se suele utilizar como algo que se hace, no como algo que se tiene, cuando en realidad es lo segundo y no lo primero. La palabra sexo se debate desde diferentes ámbitos y corrientes de la sexología. En cualquier caso, sexo es una palabra utilizada para designar a los genitales. Así que cuando decimos que practicamos sexo, ¿queremos decir que practicamos genitales? Suena raro, ¿verdad? Esto también puede deberse a que se concibe que tener relaciones sexuales implica usar los genitales - practicamos sexo (con genitales)- sin embargo,  también podemos pensar que siempre tenemos relaciones sexuales puesto que la sexualidad va siempre en la persona (entendiendo relaciones sexuales de manera muy amplia), al igual que podemos entender que siempre somos sexo (por estar sexuadas/os).

También, lo que solemos conocer como prácticas sexuales en las que suelen darse deseo, excitación, orgasmo…no tienen por qué implicar siempre nuestros genitales, y quizá, siquiera, implique todas las reacciones anteriores. Somos seres sexuados siempre, así que el sexo siempre va con nosotras/os, al igual que los sentimientos, y al igual que la sexualidad.

Podemos plantearnos por qué la palabra sexo se sitúa en los genitales, es decir, somos seres sexuados, desde luego, pero ¿por qué utilizar uno tipo u otro de genital para designar sexo masculino y femenino? Esto se basa en la supuesta capacidad reproductiva que tenemos según los genitales con los que nazcamos, es decir, se nos designa como macho o hembra por nuestros genitales dando por hecho una capacidad reproductiva precisamente de macho o hembra que ni siquiera a simple vista sabemos si tenemos, y en base a eso, se nos sitúa como hombres o mujeres. Ni que decir tiene que se deja fuera de este binomio a las personas que nacen con unos genitales “ambiguos” volviéndose urgente entonces (al menos en muchos casos) una intervención quirúrgica que favorezca la estética genital hacia uno u otro lado de la balanza (con su correspondiente educación en uno u otro género).

No siento cátedra, sólo faltaba, puesto que son temas todavía de actual debate sexológico, aunque si planteo una reflexión más o menos común en este ámbito junto con los estudios de Género. Faltan datos, detalles y más puntos de vista, pero sirva para darle un par de vueltas al asunto.

Por eso cuando hablamos de sexo, realmente muchas veces estamos hablando de sexualidad. Y nos quedamos cortos/as cuando hablamos sobre esta. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la sexualidad es lo siguiente:

“Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales”.

Ahí quede escrito.

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