domingo, 3 de febrero de 2013

¿Por qué nos preocupamos con la sexualidad?


Para empezar, una de las razones principales es la falta de educación sexual que en general tenemos en nuestra sociedad, manteniéndola en el desconocimiento y  el tabú. Otra razón es que siguen circulando mitos y creencias que nos confunden y por eso proyectamos una imagen de la sexualidad que a veces no se corresponde del todo con la realidad (gran parte del porno –no todo- nos da referencias sexuales poco realistas y cercanas). Y por último, aunque no menos importante, es que tenemos en la mente una idea de lo que es normal y de lo que no lo es, y eso, por desgracia, nos marca mucho. Por ejemplo, si en una sociedad se divulga y se normaliza que las mujeres tengan orgasmos puede pasar que muchas intenten descubrir su capacidad orgásmica, o bien, que la que no los tenga o no los tenga de “determinada manera” se sienta rara y sexualmente incompleta.

Ahí tendríamos que ver qué es lo Normal y qué es una Sexualidad Completa (no sólo con el ejemplo del orgasmo, sino en general). Esto es tan subjetivo como abstracto y varía tanto de una sociedad a otra, como de un lugar a otro. Es verdad que biológicamente tenemos una serie de capacidades comunes y que hay zonas más sensibles que otras para provocarnos ciertas sensaciones, pero eso no tendría que llevarnos necesariamente a un único modelo de sexualidad o a la imposición de unas prácticas sexuales por encima de otras (ahí está la trampa). Cuando una sociedad evoluciona sexualmente puede abrirse a vivencias sexuales más amplias, pero ¿qué sucede si cada vez que algo se convierte en habitual se vuelven a imponer modelos de conducta sexual? Y lo que es más… ¿modelos de conducta sexual diferentes según seamos hombre o mujer? Pues sucede que estamos en las mismas, que la persona que siente que no funciona según un esquema sexual concreto tiene cierta insatisfacción, algo muy diferente a plantearse probar cosas nuevas por el mero hecho de conocerse, experimentar y sentir placer. Siguiendo con el ejemplo de antes, querer tener orgasmos porque sé que puedo tenerlos y como aportación a mi experiencia placentera no es igual, para nada, a interpretar mi falta de orgasmos como algo que entorpece mi valía personal y mi “normalidad”, y que además eso afecte negativamente al resto de mis experiencias sexuales.

Hay otro punto de vista importante, el de la individualidad de cada cual. Una persona considera normal aquello que tiene cerca, que ha vivido o vive la gente de su alrededor y aquello que le han enseñado o (menos mal) aquello que ha ido aprendiendo por sí misma a través de su experiencia. Pues con la sexualidad no iba a ser menos.

La limitaciones sexuales que nos ponemos (por los motivos que he puesto al principio) hacen que nos perdamos experiencias placenteras y que no conozcamos una parte más o menos grande de nuestra sexualidad, de manera que es habitual que haya gente que quiera trabajarse esas lagunas.

La forma en que se divulga la sexualidad influye mucho en cómo las personas reflexionan sobre su propia sexualidad y de ahí que mucha gente acuda a una consulta sexológica por razones variadas, aunque siempre hay algunas que se repiten mucho más que otras. 

En cualquier caso y llegada a este punto, considero un acto de valentía y de lucha personal el hecho de buscar herramientas para trabajarse aquello que se ha tenido abandonado por una razón u otra, y que de esta manera muchas personas den a luz a su propio “despertar sexual”

Vamos a ver cuáles son los temas más recurrentes por los que la gente acude a una asesoría o terapia. En Motivos de Consulta puedes encontrar un resumen de esta información. También por aquí algunas entradas irán dedicadas a este tema.

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